belleza y bello

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Desarrollo de "lo bello" en el ser humano

Hemos ya avanzado una distancia considerable con estas breves palabras pues ya conocemos la jerarquía ontológica de la belleza y la podemos ordenarla adecuadamente colocándola en su lugar. La belleza (no hablamos aquí de cosmética), entonces, es algo tenido por un objeto o persona y está subordinada a ese objeto o persona pues su existencia depende de él.

Pero, en definitiva, ¿qué es la belleza? Es una propiedad de algo y toda propiedad de algo está completamente subordinada a ese algo. Como no puede haber belleza en una manzana de perfecto color rojo que no se haya desarrollado adecuadamente como manzana, tampoco habrá real belleza en cualquier objeto o persona que no se encuentre desarrollado plenamente como tal, es decir, que no haya traído al mundo planamente la esencia que duerme en su interior. Esto significa que no hay belleza sin desarrollo pleno del ser interior. ¿Qué roble podrá tener bellas hojas verdes si crece raquítico y frágil, si aún no ha traído al mundo al frondoso y fuerte árbol que duerme en su interior y se agita por salir? ¿Qué ser humano podrá decirse bello si no ha comprometido su tarea diaria, su segundo a segundo, con traer al mundo al pequeño dios que duerme en su interior y que, como el roble, se agita por salir?.

“Suponen que de tanto oropel se adherirá alguna partícula a su sombra”
José Ingenieros

Por esto le pregunto: ¿Deseas ser bello? Si la respuesta es afirmativa, el único camino que posees es la evolución conciente de tu ser comprometiéndote activamente en ello segundo a segundo.

Y tu preguntas: ¿Y si no deseo hacerlo o me hago el distraído? Entonces caerás en lo que magistralmente ha ilustrado nuestro José Ingenieros: en la hipocresía y la ficción. Pues como solo se finge lo que creemos no tener y, bien sabemos que no somos bellos pues la única belleza auténtica es interior, tendremos que fingirlo procurándonos diversos métodos que hoy están de moda: ropajes, cirugías, peinados, perfumes, autos, casas, etc, etc. Todas cosas que nos oculten tras una fachada de cartón, escondiendo nuestra debilidad. Y la sentencia del filósofo es firme: nada de ese oropel adherirá nada a tu sombra. Si crees que eres una sombra, lo seguirás siendo independientemente de cómo te disfraces, de que artilugios utilices para esconderte.

Por esto vuelo a preguntarte: ¿Deseas ser bello? Yo te digo: “Ya lo eres”. Solamente debes ser tú mismo en tu máxima expresión trayendo al mundo de manera conciente aquello que duerme en tu interior.

No quiero concluir este artículo sin mencionar el tema de lo que llamo “belleza secundaria u operativa” que consiste solamente en una “adecuada y agradable disposición de la forma”.

Cuando decimos que un rostro o un cuerpo es bello, nos estamos refiriendo solamente a la adecuada conformación y disposición de partes físicas superficiales de un ser que agradan a la vista. Esta apreciación es, como toda visión fraccionada de algo que no lo considera en su conjunto, limitada y parcial. La belleza es de “todo el ser” o “del ser esencial” o no es belleza en absoluto, salvo operativamente.

>> Continuación de este artículo <<

(C) Copyright 2004 Hugo J. Landolfi. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción sin autorización por escrito del autor.
 

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